miércoles, 28 de marzo de 2007

‘Me reconcilié con la actuación’

Amaia Merino
Protagonista del filme ecuatoriano Esas no son penas (que se estrena el 13 de abril)

¿Quién es? Nació en España, se crió en Pamplona donde actuó desde niña en papeles pequeños. A los 19 años protagonizó la serie Nazca y luego vino a vivir al Ecuador. Aquí trabaja en varios oficios del cine desde hace 13 años.


Delgada, sonriente, con un acento español que se disimula a ratos con los dichos quiteños, Amaia Merino, protagonista de la película ecuatoriana Esas no son penas asegura que le emociona mucho su viaje a Guadalajara pero que teme hablar en público.
La actriz quien vive en el Ecuador desde hace 13 años tiene uno de los papeles centrales en el filme que se estrena el próximo 13 de abril y que viaja este domingo al Festival de Guadalajara, el más grande de América latina. Esas no son penas se exhibirá en competencia y Amaia, junto a la directora Anahí Hoenesein y Cecilia Vallejo, junto a Tania Hermida, actriz y realizadora del filme Qué tan lejos se presentarán en un foro sobre el cine ecuatoriano.


Ser actor es muy difícil. Tienes que poner mucho de tu parte más íntima y yo llevaba un buen tiempo peleada con esa profesión. Pero este proyecto me hizo sentirme bien por su manera de plantear la producción. Lo más importante no era el resultado, sino hacer la película y eso fue lo que me animó a actuar.



¿Cuáles son tus orígenes en la actuación?

Desde muy pequeña y por casualidad. Mi padre tenía un bar en Pamplona y alguna vez pasaron unos productores que iban a hacer una película y mi padre nos introdujo en papeles de extra. Con mi hermano hicimos algunas películas en el país Vasco hasta que el asunto se fue volviendo más importante y cuando tuve que decidir que iba a hacer en la vida elegí la actuación.

¿Qué experiencia has tenido?

A los 17 años me fui a estudiar a Madrid y al poco tiempo me ofrecieron protagonizar Nazca, una serie de televisión que se filmó en México, en Cuba, en el Ecuador. Aquí rodamos durante 11 meses. Regresé a Madrid, terminé de estudiar y volví al Ecuador para vivir. Llegué porque me había encantado y me quede porque me hace feliz vivir en este país.

¿A qué te has dedicado en estos años?

Aquí no me inserté mucho en el mundo de la actuación. Hice una serie para televisión, El Chulla Romero y Flores, pero no me hallaba y decidí no actuar porque me parecía tan bonita mi profesión que no me hacía gracia sentirme mal en mi trabajo. Empecé a dedicarme a la producción y más tarde me dediqué seriamente a la edición. He editado películas, documentales, de todo. La edición ha sido en los últimos siete años mi profesión, más que la actuación.

¿Cómo fue tu regreso a la actuación?


Un día Anahí me llamó me contó del proyecto, me hizo leer el guión y me gustó mucho desde el principio porque me daba la sensación de que iba a ser un trabajo muy agradable que hacía énfasis en la dramaturgia. Y el proyecto en general, me daba una sensación de tranquilidad porque el objetivo de la película era hacer el trabajo y no el resultado. Esa forma de hacerlo da una gran apertura para actuar, para investigar, para concentrarse. Y me animé a hacerlo.

¿Al comienzo estabas reacia?

Ser actor es muy difícil. Tienes que poner tanto de tu parte más íntima. Y yo llevaba un buen tiempo peleada con esa profesión. Pero este proyecto me hizo sentirme bien con esa parte íntima del trabajo de actuación. Además es una nueva manera de plantear la producción de un largometraje, de una forma muy familiar y cuya prioridad era hacerla. Y eso me animó enseguida me di cuenta que el guión era interesante que tenía un personaje que se podía trabajar.

¿Cómo fue el trabajo?

Marina, mi personaje es muy quiteño. Más allá del acento mismo lo que me resultó más interesante y complejo es que este trabajo se requería un tipo de actuación muy naturalista, en el que tenías que aportar mucho de tu manera de ser. No era un personaje ajeno a ninguna de las protagonistas sino más bien muy cercano. Entonces mi dilema era, como saco de mi cosas espontáneas y auténticas sin mi acento. Como puedo pretender ser auténtica si me estoy haciendo la quiteña y no soy. Eso me resultó muy complicado.

¿Y cómo lo superaste?

No te podría decir que lo superé, sino que lo intenté. Muchas personas opinan que no lo superé que se nota un poco forzado. Pero me ayudó la pista que me dieron Anahí y Daniel, que era que Marina, mi personaje era una mujer muy pausada. Lo contrario a mi y eso me ayudó mucho.

¿Cómo fue el trabajo en conjunto?

Muy bueno, con dos actrices éramos amigas. Con las otras dos no, pero nos hicimos muy buenas amigas enseguida. El ambiente del rodaje era muy pausado, distinto de lo que suele ser en la mayoría de películas. Y ese ambiente nos permitía estar en contacto, nos estábamos viendo, sintiendo. El entorno íntimo fue algo que se dio muy naturalmente.

¿Qué fue lo que más les costó como actrices?

La escena final de la reunión de las amigas. Si bien el rodaje no era tenso, ni trabajamos muchas horas.
Esta fue muy exigente por el grado de dificultad. Como actrices debíamos transitar de una cosa a la otra, de un estado de ánimo al otro. Lo más difícil no es decir el parlamento sino la transición. Había muchos momentos muy íntimos.

¿Qué opinas del resultado?

Lo importante fue que este papel me devolvió la confianza en la actuación porque me sentí cómoda en el trabajo, sentí que lo puedo hacer. Y eso es importantísimo para un actor, dejar de juzgarse y sentir que lo podía hacer. Mientras veía la película me sentí tranquila, la disfruté sin sentir angustia, hasta casi olvidando que yo estaba ahí. Con la película me reconcilié con la oportunidad de seguir actuando.

1 comentario:

Desdelpupo dijo...

Espero que luego de la experiencia del Chulla Romero y Flores, la dirección del gringo West no haya sido el motivo por el que la Amaia dejó la actuación. Gran entrevista, extensa, que pena que en el impreso te tocó recortar. Que ganas de ver la película y esa escena final de la reunión de amigas de la que habla la Amaia. Y que ganas sobre todo de hacer cine, para que me entrevistes. A lo bestia!