jueves, 8 de marzo de 2007

Entrevista al día

Eliseo Subiela
‘El cine es uno de los negocios más crueles ’
¿Quién es? Subiela nació en Buenos Aires, Argentina en 1944. Su primer guión lo escribió para teatro, pero a continuación se dedicó solo al cine. Entre sus películas se cuentan El lado oscuro del corazón, Hombre mirando al sudeste y Despabílate amor


"Es un negocio muy cruel el del cine. Pasas dos años trabajando, poniendo todo, tu casa, tus bienes y en una semana, ¡fuiste! Es un negocio de una crueldad como los hay pocos. Es todo o nada. Pero para ser un director de mi riesgo y que no ha hecho concesiones, no me puedo quejar, me ha ido bastante bien"


Es su primera visita al Ecuador y en una jornada apretada visitó la Mitad del Mundo y tuvo tiempo de enamorarse de la Iglesia de La Compañía, en los lapsos que le dejó el curso de guión que dictó esta semana en la Fundación Octaedro. A sus 62 años Eliseo Subiela, el padre de El lado oscuro del corazón, película de culto por la que será recordado siempre, está listo para darle un descanso al cine y dedicarse a diversificar su creatividad, tras un año de intensas labores rodando dos películas que se estrena a fin de año.

¿A qué se ha dedicado en los últimos años?

El año pasado hice dos películas No mires para abajo y El resultado de amor que se están terminando, están en postproducción. Las dos son de amor, la una es una historia de dos jóvenes que intentan acercarse a Dios mediante el sexo e incluye una especie de didáctico sobre Sexo tántrico, la otra es un melodrama sobre una chica que trabaja de día como payasa en fiestas infantiles y en las noches como prostituta.

¿Con qué películas te has encariñado más?

Con todas, son como hijos las quiero a todas por igual. Son todas muy honestas, son las películas que quise hacer en su momento. Pero igual hay algunas que han sido más importantes en mi carrera, Hombre mirando al sudeste por ejemplo o El lado oscuro del corazón oscuro que fue un suceso en toda América latina. En Barcelona estuvo ocho años en cartelera en los cines verdi en las funciones a la 01:00 los sábados. Cuando hicimos El lado oscuro 2 con Darío Grandinetti (el protagonista) él me propuso ir a la función y yo no quería ir pensé que no iba a haber nadie, que nos íbamos a entristecer y fuimos y la sala estaba repleta y comprobamos que los asistentes tenían 20, 22 años. Es decir cuando se estrenó la película eran niños.

¿Te imaginaste que iba a ser lo que fue la película?

No, es un delirio. Si ahora leo el guión y me parece casi infilmable. Un guión donde los actores recitan poesía. Era difícil en su momento pensar la película, mucho más que iba a ser un éxito. Y lo fue de una manera de la que yo me sentiré siempre orgulloso. Se agotaron ediciones de libros de Benedetti, toda una generación reconoció a Girondo. Yo he hablado con libreros que contaban que la gente salía del cine a comprar libros de estos poetas. Esta es una Argentina que ya no existe, el deterioro cultural ha sido tanto, ha habido una devaluación cultural tan grande que yo no sé si ahora una película así sería un éxito.

¿Por qué El lado oscuro del corazón 2?

(suspira) Yo había tenido ganas de continuar la historia con un Oliverio maduro y había escrito alguna cosa, pero el hecho decisivo fue que apareció un productor y me dijo te gustaría hacer la segunda parte y yo dije sí. A la distancia, no me arrepiento de haberla hecho, creo que el error que cometí fue ponerle El lado oscuro del corazón 2, eso perjudicó mucho la película. La acogida del público fue tibia.


¿Es verdad que hubo un problema legal con Universa porque plagiaron Hombre mirando al sudeste?

Rodaron K-Pax que era un remake de Hombre mirando al sudeste y nunca dijeron nada, ni pidieron derechos ni nada. Hasta aquí no ha avanzado en nada el asunto. Hicimos el reclamo y no contestaron. Fue un robo y el trámite legal es como David contra Golliath.


¿La gente creía más en el amor antes?

No, la gente era más culta, estaba más informada. En los tiempos del estreno de El lado oscuro del corazón había filas de gente para ver la película y el promedio de edad eran 20 años. Ahora, en mi escuela yo me agarro la cabeza cuando oigo que hay estudiantes que están a puntos de graduarse y les hablas de ciertos autores y no tienen ni idea, porque no han visto nada de cine. Ha habido una especie de reivindicación o exaltación de la incultura, y desprestigio a los sentimientos. Hay líderes de televisión en la Argentina que son casi perversos que dicen ‘mira que vivo soy, soy bruto no leo’ el tonto es el que estudia, el que lee. El público que va al cine son mayoritariamente ‘comedores de popcorn’ y van a ver explosiones y efectos especiales.

¿Cómo están las condiciones para hacer cine en la Argentina?

Están mejor a nivel de producción se está filmando mucho, el problema sigue siendo el tema de la distribución y exhibición se estrenan demasiadas películas, están muy poco tiempo en cartel. Se están produciendo demasiadas porque no llegan a estrenarse. Es un fenómeno complejo que tiene que ver con la proliferación de escuelas de cine que están formando directores a granel.


¿Qué planes tiene luego de tus dos películas?

La idea es parar un poco y tomarme este año. He hecho dos películas y fue mucho, se dio sencillamente aparecieron los dos productores juntos, pero es muy intenso hacer dos películas en un año. Quiero hacer algo distinto ahora, quiero hacer teatro. Yo antes de escribir para cine escribí para teatro y ahora tengo ganas de diversificar un poco la creatividad.

¿Literatura también?

No, no me arriesgo a tanto pero quiero escribir un libro del cuál tengo un título que es Todo gracias al cine, y que quiero que más que mis memorias sea un testimonio de agradecimiento al cine por todo lo que me ha dado.


¿Entre tus autores favoritos?

Un señor que a veces me enoja mucho, pero que sigo amando que es Jean Luc Godard. Es insoportable, pero lo amo. Le preguntó ‘por qué me aburrís tanto’. Tiene a un personaje sentado leyendo diez páginas de un libro. Pero tiene escenas de una belleza que no son habituales en el cine. Ese es una de los principales responsables de que yo haga cine. Están también Tarkowsly, Fellini.

¿Entre tus colegas a quien admiras?

A Leonardo Favio de quien fui ayudante en su primera película, es el que más me gusta. Después hay cosas muy interesantes como las que hace Lucrecia Martel. Me encanta la actuación de Julio Chávez creo que es el mejor actor que tiene la Argentina, El custodio es un peliculón. Me gustó muchísimo y el trabajo de Julio es descomunal.


¿Trabajas siempre con la misma gente?

No, algunas veces repetí pero últimamente estoy haciendo pruebas cada vez trabajo con gente más joven. Y estoy incorporando de manera voluntaria e inevitable cada vez más mujeres en los equipos. La última película que hice, desde la directora de fotografía todo el equipo de cámara eran mujeres que era un rubro que antes no había. Las mujeres están copando todos los espacios, son más maduras y nos llevan mucha ventaja.


¿Cómo te ha tratado el cine?

Es un negocio muy cruel el del cine pasas dos años trabajando poniendo todo, incluso tu casa, tus bienes y en una semana fuiste. Es un negocio de una crueldad como los hay pocos. Es todo o nada. Pero para ser un director de mi riesgo, de mi estilo que es muy personal y que no ha hecho concesiones, no me puedo quejar me ha ido bastante bien. He hecho 12 o 14 películas y me ido muy bien comercialmente en la mitad. Pero igual hace tiempo que tengo claro que el éxito es hacer la película que uno quiere hacer. Me aterra que pueda terminar una película y que no me guste.

¿Hasta donde te han llevado tus películas?

Geográficamente tan lejos como Calcuta, pero en experiencia vital a estar toda una noche en una ‘villa miseria’, a tomar el té y hablar sobre la muerte con un Primer Ministro de la India, que apuntaba a una de mis películas y me preguntaba por cada escena o a que García Márquez me ofrezca uñas de cangrejo en un platito en La Habana, si no hubiera sido por el cine nunca hubiera estado ahí. El cine es como una alfombra mágica tanto para el espectador como para el cineasta.


Foto y texto: Paulina Simon T.

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