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martes, 1 de abril de 2008

Reygadas: cine para sentir a fuego lento


A los 36 años, sin poseer un televisor en su casa, con un título de abogado especializado en conflicto armado y con un verbo ágil, sarcástico y lúcido hasta el cinismo, el mexicano Carlos Reygadas es el cineasta de vanguardia más comentado en los círculos intelectuales y las altas esferas cinematográficas. Cannes es, desde 2002, la balanza en la que se han pesado las raras joyas de este director.


Su ópera prima Japón recibió el premio Cámara de Oro en el festival francés, tres años más tarde su polémica cinta Batalla en el cielo sería nominada a la Palma de Oro y el año pasado su terca obra, Luz silenciosa recibió el Premio de la Crítica. Durante la 48. edición del Festival de Cine de Cartagena, Reygadas asistió al estreno de Luz silenciosa y se reunió con el público que consultaba intrigado sobre los aspectos técnicos de la películas, las dificultades de trabajar con actores naturales, los riesgos de hacer cine “tan lento” y los porqués de sus historias conflictivas y tormentosas.
El estilo de Reygadas es pausado. Su uso de la técnica y del lenguaje cinematográfico es innovador y las historias son arriesgadas y crudas.
Japón devela los inquietantes deseos carnales de un hombre al borde del suicidio. Batalla en el cielo es una narración sexual naturalista y trágica; mientras Luz silenciosa es pasión a fuego lento, contada en plautdietsch (dialecto germánico cercano al holandés y al flamenco) idioma en el que se comunica una comunidad menonita al norte de México.


Sobre esta cinta Reygadas explica que: “Nació de una historia de amor que estaba al margen de la comunidad menonita. La idea esencial era el dolor que una mujer sentía porque amaba mucho a un hombre que no se decidía y cuando conocí la comunidad comprendí que era el lugar perfecto para contar la película porque se trata de una sociedad de que la se desprende neutralidad”. A decir del cineasta, lo que hacía que los menonitas y su pueblo en Chihuahua, México sean tan especiales es que no están obsesionados con la belleza física, ni el dinero: “Entonces la película iba a parecer un cuento de hadas”, explica.


El cineasta siempre trabaja con actores no profesionales, en este caso Cornelio Wall, el protagonista de Luz silenciosa es un hombre de la comunidad que Reygadas conoció y para quien adaptó el papel del personaje Johan. “No me interesa la interpretación, sino la energía del individuo frente a la cámara. Un actor no es como el personaje del guión, sino al revés, es el ser humano el que imprime su carácter a la película”, comenta el director.


Para Reygadas, quien se niega a explicar el significado de sus películas, el cine es un medio de expresión, no de comunicación: “Cada imagen, sonido, cada cosa que filmo es como volver a las sutilezas de la reflexión infantil” y añade “Yo con mis películas no quiero dar un mensaje, sino expresar un sentimiento, no ideas que se puedan sintetizar, sino haría publicidad no películas”.

Este cineasta, quien es contemporáneo de los tres exitosos mexicanos Cuarón, Del Toro e Iñarritu, cuenta que entre ellos existe un gran aprecio: “Lo bueno de esta camada de cineastas es que no es como en los sesentas cuando detrás de la pantalla se daban de puñaladas. Nosotros hacemos con responsabilidad lo que a cada uno nos gusta, somos diversos, pero detrás de la pantalla hemos formado una red de solidaridad y camaradería”.
A la pregunta de si filmaría en los Estados Unidos como lo hacen sus colegas, Reygadas responde entre risas que no tiene idea como se podría hacer Harry Potter 9 y asegura que no es lo suyo. Más bien admite que, aunque él quisiera que se conozcan sus películas tanto como Spiderman, resultan ser para minorías, en las que espera que persistan las imágenes por un buen tiempo.

Sobre Luz silenciosa
Para el director mexicano cuando conoció a los menonitas descubrió que su comunidad era el lugar perfecto para contar la historia de Luz silenciosa.

Reygadas explica: “Sobre los menonitas se sabe muy poco, en México muchos los conocen por que son unos alemanes raros que venden queso. Pero cuando yo conocí el lugar en el estado de Chihuahua en México me di cuenta que era un sitio hermoso, el vestuario, sus casas toda era increíble y me parecía un lugar perfecto para ambientar la película por la neutralidad que se desprende de esta sociedad” y añade “La lengua es un ejemplo perfecto de esta neutralidad, al subtitular en castellano iba a evitar acentos, localismos, jergas y obtener un resultado neutral y universal”.
El cineasta cuenta que lo que más le interesaba era el hecho de que ellos son muy similares físicamente, no están obsesionados con la belleza física, ni el dinero: “Entonces la película iba a parecer un cuento de hadas”.

El tiempo en el cine lento

Reygadas indica: “En cuanto al tiempo que toman las acciones, no es una cosa teórica, es un asunto intuitivo o de gusto. Yo realmente necesito ese tiempo para sentir y para ver como espectador. Es solo lento o diferente de lo que es el len guaje televisivo o el cine clásico narrativo, pero hay películas mucho más lentas que las mías. A nivel teórico lo importante es que las cosas se puedan transformar, que no solo sean lo que son a nivel conceptual y funcionen como herramientas narrativas para avanzar, sino que cada cosa que filmas, lo que ves, lo que oyes es la película misma y para eso necesitas tiempo”.

Las frases destacadas

“No trato que mis películas sean para una inmensa minoría, a mi me gustaría que la gente las vea más que Spiderman pero no se puede. Para ser comercial hay que entrar en todo un sistema de hacer cine y eso no es lo que me interesa, así que con tal que les guste a algunos es suficiente. Es preferible que algunos las recuerden, que persista en su memoria unos meses, a que la olviden como un producto de masas. No hago películas que sean taquilleras”.

“El cine no es un medio de comunicación sino de expresión. Yo con mis películas no quiero dar un mensaje, sino expresar un sentimiento, no ideas que se puedan sintetizar, sino haría publicidad no películas”.

“En el caso de la actuación adaptó el personaje al ser humano, no me interesa la idea de la actuación o la representación. Lo que me interesa en captar con la fotografía la energía del individuo. En la película los actores pasaban muchos momentos de tensión en los que debían tener valor. Todos dan su palabra y es por eso que se mantienen hasta el final en el rodaje sin huir”.

“No es mi trabajo hacer películas en Estados Unidos”.

La obra de Reygadas

Japón. Ópera prima del director. Premio Cámara de Oro, Cannes en 2002, entre otros 15 premios y siete nominaciones en Guadalajara, Buenos Aires, La Habana, Río de Janeiro, etc. Cuenta la historia de un hombre que viaja a un pueblo mínimo en México para suicidarse. La idea de la muerte le despierta un deseo erótico muy particular por una mujer indígena anciana.

Batalla en el cielo. Nominada a la Palma de Oro en Cannes en 2005.
Ana, una chica mexicana adinerada que se dedica a la prostitución de alto nivel, maneja una elegante casa de citas 'La boutique'. Ella y su chofer desde la infancia Marcos, tienen una extraña relación erótica. Él le confiesa que su mujer y él secuestraron un bebé que murió. Desde ese instante la relación se vuelve de complicidad, chantaje y expiación.

Luz silenciosa. Tercera película de Reygadas, ganadora del Premio de la Crítica en Cannes 2007, más otros 18 premios internacionales. Johan es un hombre casado y padre de familia que vive en una comunidad menonita al norte de México y que en contra de la ley de dios y de su pueblo se enamora de otra mujer.


Paulina Simon

domingo, 4 de noviembre de 2007

A la caza del Rey: ecuatorianos que hacen cine desde otras latitudes

Patricio Burbano, con una ambiciosa cinematografía por delante


Acerca del cortometraje A la caza del Rey: Sobre los cortometrajes se puede decir que son un género maestro del cine y en ese sentido se pueden comparar con los cuentos. Lograr que la narración sea redonda en pocos minutos o pocas páginas es un arte especial que determina la capacidad del autor para consolidar una historia y a sus personajes.

En A la caza del rey, de Patricio Burbano, se cumplen de manera concreta aquellas certezas sobre el género cortometraje. Esta obra redonda y simbólica se centra en el azar, en las historia de tres jugadores de ajedrez, en la osadía, pero a la vez humildad de los retos que impone el juego ciencia.

Un jugador anónimo se bate por correspondencia en una partida de ajedrez con el argentino Juan Carlos de las Heras, quien a su vez había vencido en los noventas al ruso campeón mundial Gary Kasparov.

El corto es una ficción disfrazada de documental cuyo mayor punto a favor es la narración melodiosa que producen las jugadas comentadas en ruso de manera hipnótica. La forma de contar es tan astuta como el juego mismo, pausada e inteligentemente cronometrada. Ni los personajes, ni sus acciones se anticipan a mover las fichas apresuradamente y el corto lo hace igual, hasta el punto de sostener un cierto suspenso que mantiene al espectador a la expectativa del vencedor y del vencido.


¿Quién es el director? Patricio Burbano, ecuatoriano de 25 años. Salió del país en 2001. Estudió literatura en la Universidad de Salamanca (España) y Cinematografía en la Universidad del Cine (Argentina). Presenta ahora su primer cortometraje A la caza de Rey, fruto de seis años de estudios. Esta obra se exhibió fuera de competencia en el Festival de cine de Mar del Plata.

Sobre sus aficiones comenta: Más que aficiones, diría que el Cine y la Literatura son los ejes que mueven mi vida y la manera en la que asumo mi lugar en el mundo. Pero también me gusta el jazz, la música clásica, los viajes, el tennis, los idiomas y la práctica del ajedrez.

Sobre su regreso al Ecuador: Nunca he dejado de volver al Ecuador. Voy a Quito por lo menos una vez al año para visitar a mi familia y mis amigos. Tengo un proyecto de largometraje que tiene al Ecuador como escenario principal, y voy a tener que hacer mucha investigación, así que es probable que el año que viene regrese (por lo menos temporalmente) al país.

Sobre su producción fílmica y literaria: A la caza del rey es mi primer cortometraje. Sin embargo, trabajo desde hace un par de años en un documental sobre el poeta rumano-argentino Jacobo Fijman. También estoy preproduciendo mi próximo corto, que filmaré el año que viene. Tiene que ver con una lectura de la música y la historia de un pianista a partir de los ensayos que escribió Olivier Messiaen sobre la sinestesia y su teoría de los pájaros como músicos ideales.

Sobre sus mejores momentos dedicados al cine: Los mejores momentos con el cine los he vivido como espectador. Empecé a ver cine muy temprano. Una experiencia extraordinaria fue haber visto una proyección de El acorazado de Potemkin en el Teatro Colón de Buenos Aires, con una orquesta sinfónica en vivo. Fue un viaje en el tiempo.

Lo más difícil: Probablemente, lo más difícil para cualquier cineasta es tener que lidiar con los medios de producción para hacer una película. A la caza del rey se hizo con un presupuesto mínimo, y fue un rodaje complejo y complicado.

¿Cuáles fueron sus principales motivaciones?

Siempre me fascinó el ajedrez como juego filosófico, su intensidad, su ritmo, y también toda la mitología que hay en torno a él. Cinematográficamente, quería jugar con la idea del “cine monstruo” (ficciones con cabeza de documental) y fundir la realidad de un acontecimiento a través de found footage (material de archivo inédito) y una ficción que escribí. El personaje principal, el narrador ruso, es un pequeño homenaje a los impostores de Nabokov: Smurov de la novela “El ojo” y Hermann Hermann de “Desesperación”, también hay juegos con las novelas de Stefan Zweig. La impostura es uno de mis juegos favoritos en el arte.

¿De dónde surge la historia?

Cuando conocí en mi Club de Ajedrez a un viejo jugador desconocido que había derrotado a Garry Kasparov (probablemente el mejor jugador en la historia del Ajedrez) en su mejor momento y me contó su hazaña, quedé maravillado y quise contar esa historia. La línea narrativa está basada en una anécdota que le ocurrió a un gran maestro del ajedrez británico, Nigel Short, mientras jugaba una serie de partidas por Internet con un jugador anónimo de raiting mínimo. Este jugador aplastó al británico diez veces seguidas, y Short se dio cuenta de que no se trataba de ningún principiante, sino del mismísimo Bobby Fischer (que cuando jugó con él en los noventa, estaba desaparecido huyendo del gobierno norteamericano).

¿Cómo definió la propuesta estética del corto?

Como te dije antes, quise trabajar según la línea cinematográfica del “cine monstruo”. No utilicé actores. Todos los personajes en la película salen de ellos mismos. Eran ajedrecistas reales, el club de ajedrez que aparece es el lugar donde juegan, etc. Solamente ficcionalicé la situación central. La fotografía y el montaje están planteados desde los contrastes. Le asigné a la ficción un blanco y negro muy contrastado (siguiendo la lógica de los tableros y las piezas del ajedrez) a través de una iluminación expresionista, en 16mm. La realidad en cambio fue un material de archivo inédito a color y en video sobre la visita de Kasparov a Buenos Aires en el año 93, donde se puede ver la partida en la que Juan Carlos De las Heras, el ajedrecista desconocido, lo derrota.

¿En qué se parece el corto al autor?

Siempre tuve una concepción lúdica no solamente del arte, sino también de la vida. Me gusta ver en la ficción una herramienta para dialogar con la realidad, para interactuar con ella. Como cuando Orson Welles leyó en su programa de radio “La guerra de los mundos” y la gente se lo creyó! Soy de los que piensan que el arte es un juguete.

¿Es usted un jugador de ajedrez?

Juego ajedrez desde tengo siete años, cuando me enseñó mi padre. Es un juego que siempre me ha acompañado a lo largo de mi vida. Puede llegar a ser un ejercicio muy obsesivo. Aquí en Buenos Aires tengo amigos con los que he llegado a jugar días enteros sin descanso.

¿Qué sugieren en su vida, en su obra y en el corto el hecho de que un jugador menos experto le gane siempre al prodigio?

Es fascinante ver como incluso los grandes genios tienen sus limitaciones, sus fisuras. Esa es la lección elemental del ajedrez, donde el rey, a pesar de ser la pieza más importante, está lleno de limitaciones y no podría hacer nada sin la ayuda de las otras figuras. En ese sentido, el ajedrez es una de las formas más perfectas de diálogo que conozco.


Paulina Simon T.

*Mi nueva condición de "articulista invitada" (me refiero, en mi antiguo empleo, mi antiguo medio...ya se siente muy antiguo) me permite escribir con plena libertad sobre el cine nacional... la libertad, el internet, el correo postal me presentaron a este nuevo amigo del cine y nuevo amigo mío. Después de varias charlas de cuestionarios ida y vuelta tenemos este artículo entrevista... y la fe en el talento de Patricio.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Entrevista a Marcelo Piñeyro

Mis película son un espejo de mi

¿QUIÉN ES? Marcelo Piñeyro, cineasta argentino, autor de Tango feroz. Nacido en Buenos Aires en 1953, sus obras se han convertido en íconos para la cinematografía de la región. Ha dirigido las películas Caballos salvajes, Cenizas del paraíso, Plata quemada, Kamchatka y El método Marcelo Piñeyro visita por primera vez el Ecuador y durante esta semana (julio 2007) brindará charlas sobre cine en torno a las películas más importantes de su carrera.

La cita:

"Tenía 37 años cuando empecé a rodar Tango Feroz y 38 cuando la estrené, no era un chico, pero toda mi vida había querido hacer películas y esta me llenó de confirmaciones porque uno nunca sabe si va a poder hacer cine hasta que lo hace. En ese sentido esta película es una bisagra importante en mi vida."


¿Cómo le hace sentir el hecho de que sus película sean íconos de la cinematografía latina?


Es algo que no tengo tan claro y me gusta siempre enterarme, hace poco supe que en Colombia se repone Tango Feroz cada año y es algo muy curioso, yo la hice hace 14 años y me encanta saber que sigue viva. Cuando yo empecé a hacer cine con Tango Feroz las películas argentinas se veían solamente en Argentina, con algunas excepciones. Pero con mis películas he tenido mucha suerte, han viajado y han conquistado América Latina, Estados Unidos, Europa incluso Asia y ni en mis mejores sueños figuraba todo esto que ha pasado, y a mi estimula mucho para seguir. En definitiva uno hace cine para que sea visto y que a alguien en las salas de cine o en su casa les importe y la constatación de que esto sucede y sigue sucediendo, no solo con la última película sino con las anteriores es maravilloso.


¿Cómo ha elegido los temas de sus película?


Más que elegirlos me vienen por asalto. Yo no tengo mucha conciencia, son los temas que tengo en la cabeza sin duda, algunos son los mismos que cuando hice Tango Feroz. Esos años que han pasado, también me han pasado. Cada película me ha transformado, y también ha cambiado el mundo en el que vivo y la realidad. Los temas vienen. Mientras estoy haciendo la película yo no tengo una dimensión de quienes pueden verla y tampoco pienso mucho en eso porque no se puede saber.

Prefiero concentrarme en los personajes, en la historia en la poética que cada película requiere. Me ha pasado, por ejemplo con Kamchatka yo sentía que era una película construida en base a sobrentendidos, en la que el tema central nunca está en pantalla y pensaba que era una película que fuera de Argentina iba a ser incomprensible y curiosamente fue una película que tuvo una comunicación poderosa en todo el mundo con el público, incluso en España, Brasil, Francia vendió más entradas que en Argentina. Incluso, en Francia tiene un programa de cine para colegios secundarios en el que muestran cinco películas y este año han incluido Kamchatka a la lista.


¿Se remite siempre a las mismas pautas estéticas? La estéticas es muy cambiante. Cambio como persona, cambio como director y ahora me planteo asuntos estéticos en los que no hubiera pensado cuando hice Tango Feroz . Yo cero en definitiva que cada historia exige su forma. En ese sentido no creo en los dogmas. Es tan distinto como he encarado Kamchatka que es una película tersa, o Plata quemada, que es profundamente áspera o El método que es una cinta fría. Sería absurdo en ese contexto aplicarles la misma estética a todas.


¿Hay alguna película que le haya costado más?


Sin duda Tango Feroz por que es la primera, fue la que me tuvo más inseguro. Pero en términos de trabajo, todas las películas cuestan muchísimo pero de eso se trata y no lo siento como un peso. Cuando empiezo a encarar una película siempre tengo esa sensación de que todo lo que he aprendido haciendo películas no me sirve con esta. Y en cada película me he sentido como un debutante, con más seguridad, con mayores certezas, pero siempre reinventando las herramientas, porque las que tengo ya no sirven.


¿Tiene alguna película predilecta? No, todas. Pero Tango Feroz me llenó de confirmaciones porque yo siempre había querido hacer cine y uno nunca sabe si va a poder hasta que lo hace. En ese sentido es una bisagra importante en mi vida. Tenía 38 cuando la estrené, no era un chico pero toda mi vida había querido hacer películas. Para hacer Tango Feroz me tomó como 5 años conseguir el financiamiento.


¿Todavía es difícil conseguir financiamiento?


Es más fácil ahora, a partir de Cenizas del paraíso el financiamiento de mis películas ya no depende de Argentina, sino básicamente de Europa. Y cruzo los dedos porque hoy el financiamiento ya no es un tema complicado


¿En qué proyecto está trabajando?


En una película a la que le damos el título de trabajo Dos extraños. Cuenta una noche de una pareja que se encuentra casualmente, un argentino y una española en Nueva York. Dos solitarios. Es una historia de amor que no se atreve a ser. Actuarán Pablo Echarri y Maribel Verdú. Y empezamos a filmar ahora a fin de año, una parte en Nueva York y otra en Buenos Aires.


¿Le motiva el tema de la migración?


Sí hoy en día es un tema sin duda. Trasladarse de sociedad y la carencias de raíces en las nuevas sociedades es un tema que motiva.


¿Entre los directores argentinos más jóvenes, prefiere alguno?


Han surgido muchos nombres en los últimos años, pero me gusta mucho el trabajo de Lucrecia Martel, Adrián Caetano, Pablo Trapero, Ezequiel Acuña y otros.


¿Tienes prioridad por los actores?


En Argentina hay excelentes actores y creo haber trabajo con muchos de los mejores Cecilia Roth, Ricardo Darín, Leticia Bredic, Héctor Alterio y muchos otros. También he trabajado con excelentes actores españoles Eduardo Noriega, Carmelo Gómez. En El método me di un lujo, conté con la plana mayor de una generación del cine español, que fue un deseo, casi una fantasía que se concretó.


Paulina Simon T.

martes, 31 de julio de 2007

La labranza oculta

Calvache redescubre Quito y sus patrimonios

En el barrio Santa Clara, a lado de la iglesia de San Francisco de Quito en 1671 se terminaba de construir una de las primeras viviendas de la época colonial, La casa del Alabado, que por aquel entonces debió sobresalir como un edificio único y cuya presencia hoy en día en las calles Cuenca y Bolívar dan cuenta del tránsito que ha experimentado una ciudad que lucha por conservar sus tradiciones pese a la forzosa modernización. Hace más de dos años, La casa del Alabado, como parte de sus procesos históricos, se convirtió en protagonista del primer largometraje documental de la directora ecuatoriana Gabriela Calvache, quien asumió el reto de capturar paredes, cornisas, columnas y patios, desde la óptica de los maestros albañiles que las refaccionan día a día.
La película que lleva el título la Labranza oculta nace de una serie de inquietudes de la directora, quien recorre las calles del centro cada semana, desde hace dos años, junto a un equipo humano mínimo, que la asiste en la búsqueda de la esencia de la cultura popular detrás de los muros de La casa del Alabado que está siendo recuperada para convertirse en un museo de arte precolombino. La primera historia que motivó a Calvache a filmar esta película fue la labor de albiñelería: un oficio sabio, con un amplio bagaje, mezcla de tradición y conocimiento arquitectónico. La directora confiesa que de estos años de ver a los obreros trabajar le impresiona su sensibilidad, sobretodo cuando se trata de materializar una obra con tanto peso histórico. De la observación cotidiana rescatará conversaciones, risas, aventuras con fantasmas y del barrio recupera los mil y un oficios que tienen raíces en la colonia, los negocios de velas, hierbas, estampas, santos, peluquerías que dan contexto, vida y color a una película sobre patrimonios imprescindibles: edificios, hombres y memorias.
Eso busca capturar Calvache en su documental: lo tangible de una casa y lo intangible del aroma del barrio y sus personajes. La labranza oculta busca ser una película histórica sobre el presente, es decir el contraste de la modernización: quienes se quedan luego de la remodelación y quienes no.
De aquí a cinco meses cuando terminé el proceso de postproducción, la directora espera presentar una obra que si bien muestra la reconstrucción de una casa, no busca analizar su estilo arquitectónico, sino a aquellos que la construyeron, en la cotidianidad de un barrio quiteño.

martes, 19 de junio de 2007

El corazón: un órgano herido por esquirla de bala


El corazón es en esencia una película de amor, como Diego García Moreno, su director, la entiende. El amor materno, paterno y de pareja son uno de los ejes de la película pero ante todo el protagonista es el corazón. Esta película es una obra sumamente elaborada que reúne una serie de historias y acontecimientos en torno al corazón. Por un lado, está José Gregorio, un soldado que ha sobrevivido tras ser herido en el corazón por una esquirla de bala. Su herida es tan profunda e inusual y el hecho de que haya sobrevivido resulta tan asombroso que el procedimiento quirúrgico es incluso televisado. En una clínica en Medellín cardiólogos y cirujanos detienen el corazón y extraen de él un enorme pedazo de metal que ahora la novia de José Gregorio lleva en una cajita cuando va al chequeo de su embarazo. Por otro lado está la historia del médico, un cardiólogo sabio que afirma: “Este tipo de heridas tan complejas convocan a reflexionar sobre lo que sucede en el país y pensar, no en reparar una y otra vez la misma herida sino buscar la forma de detener el desangre”. Las historias se narran en el contexto del próximo alumbramiento de la esposa del soldado y en lo que respecta al ámbito social, se refiere a los aspectos religiosos, políticos, antropológicos y hasta musicales del corazón.
Entrevista
"Colombia necesita experimentar una catarsis"
¿Cómo ha sido el proceso de crear una película tan compleja?

La estructura de esta película es un organismo, tal como el órgano del corazón. Cada cinta genera su propia forma y a mi lo que más me gusta del documental es la experimentación con la forma y la libertad que trae eso. Esta película parte de la aproximación a un objeto que es a la vez, un símbolo, una metáfora, es el sitio donde reposa la religiosidad, el alma, el amor. Entonces más que hablar del corazón he creado una ambivalencia para hablar de un tiempo, de un territorio y del mundo que me ha tocado vivir.

Esta es una película es el resultado de muchos años de trabajo. No es la primera vez que me aproximo a un relato a partir de un símbolo. A partir del 90 empiezo un acercamiento con Colombia usando símbolos con una trilogía: La arepa, El trompo y la corbata. La realidad colombiana era tan desbordante y yo entre en un cierto conflicto con la información periodística directa porque toda la información que teníamos era el resultado de esa cotidianidad de bombas y acontecimientos terribles.
Para poder entender al país, a la sociedad, a la familia busco cual es su esencia. Empecé a crear un territorio donde a partir de objetos que tuviesen esa doble lectura cotidiana, espiritual, política, etc. De la suma de todos esos elementos encontraba personajes muy particulares.

¿Cómo manejas las aproximaciones simbólicas?

En el caso del símbolo del Corazón era el caso perfecto. Colombia es un país consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y hay un elemento muy importante que son estos ciclos de violencia que ha vivido el país y que siempre terminaban asociados a la política y a la religión.

Luego me enteré de la operación que le habían hecho al soldado y entra en el contexto del corazón, que me da parámetros estructurales muy importantes: el organismo. El corazón como hecho biológico tiene un funcionamiento que tiene que ver con sistemas que se entrecruzan y ahí está el aspecto metafórico: por un lado es una historia de amor y por otra
Y dos personajes el doctor y el paciente, el hombre que más corazones toca y el soldado con la herida más inusual.

Y El corazón aunque trata sobre un elemento universal que ha tocado a públicos de todo el mundo, es el corazón de Colombia, al que hoy en día le hace falta catarsis, le hace falta sanar, hablar y ceder.

Este fue un trabajo de mucha reflexión y de mucho tiempo. Fue un año de rodaje, cinco meses de edición.



El telón de azúcar: los años de bonanza y alegría

Camila Guzmán nació en Chile y en 1973 cuando con el Golpe de Estado viajó con su familia a Cuba donde recibieron de inmediato domicilio y las facultades de un ciudadano. En 1999, casi diez años después de haber dejado La Habana, Guzmán decide hacer su primera película y cumplir con el propósito de recuperar los recuerdos de infancia en Cuba y aprovecha para demostrar -especialmente en Europa- que Cuba sí vivió una época de bonanza y que ella recuerda haber estado en el paraíso. En la película Guzmán hace un recorrido por los lugares del pasado y cada amigo de la juventud cierra los ojos y recuerda la felicidad.




Entrevista

"Necesitaba recuperar el país de mi infancia"

¿Cómo nació la idea de El telón de azúcar?

Fue un proceso muy largo. Cuando yo estudiaba cine no sabía que iba a dirigir. Yo hacía cámara. En 1994 cuando volví a La Habana, porque mi madre y mi hermana estaban ahí, me produjo una gran angustia ver cómo había cambiado el país. Del 91 al 93 fue la gran crisis del Período Especial que terminó con la crisis de balseros y yo estaba en La Habana cuando pasó eso. La gente ya había pasado por una crisis tan intensa que estaban descontentos. Mi país de la infancia había desaparecido y las personas estaban tan hartas de lo que sucedía, que ya no se querían acordar. Fue ahí que pensé que alguien iba a ser la película del país que tuvimos, aunque había desaparecido, de la infancia feliz. Me puse a esperar. Trabajaba como asistente de dirección y por ahí en 1999 decidí ser yo quien escriba el proyecto para esa película.

Pasé seis meses en La Habana reinsertándome en un nuevo país. A final de los noventa, luego de la crisis el país se reconvirtió una vez más y yo fui para conocerlo otra vez. Ahí escribí el proyecto, que varió bastante, pero la esencia era la misma: recuperar el país de mi infancia. Y sin querer entrar en los detalles del presente -porque esa es otra película- mi historia me lleva a la actualidad.

¿Cómo financió el proyecto?

Nunca presenté el proyecto a ningún productor porque era mi primera película y no esperaba que alguien quiera financiarlo sin ver una obra previa. Además, cuando tienes un productor o un canal de televisión te imponen ciertas cosas y yo no quería eso, quería que el proyecto sea lo más libre que se pudiera. Entonces apliqué a becas hasta que un fondo pequeño aceptó el proyecto y nos financió a mi y una amiga que hacía sonido estar tres meses en Cuba.

¿Cómo fue la postproducción?

Lo más simple era tener una computadora comprar memoria, un programa de edición y los amigos que ayudaban de manera puntual, durante tres años. Cuando tuve más o menos un corte de una hora y cuarenta minutos presenté la película a Cine en Construcción del Festival de San Sebastián. Ahí obtuvimos el premio de Televisión Española con el que pudimos pagar al equipo y las deudas, además de una buena posproducción. Terminamos la película y luego empezó el otro proceso que es el de visitar festivales empezamos el año pasado en Toronto y luego tuvimos la gran oportunidad de ir al Festival de Berlín, lo que fue inolvidable. Tuvo una acogida increíble porque ellos son como primos de nosotros, niños pioneros, pañoletas himnos, muchas personas vivieron lo mismo que nosotros en Cuba. En La Habana todavía no se ha pasado. Tenemos que postular este año para el festival.

¿Hubo apertura de la gente para hablar del tema?

Desde 1999 mis amigos saben que el proyecto existía y ellos estaban en la película desde entonces a excepción de algunos que en el transcurso de esos años se fueron. Y contamos con la sorpresa de los músicos Habana Abierta a quienes conocí en Madrid. Ellos esperaron diez años antes de volver a Cuba y fue un regalo del destino la coincidencia de estar con ellos durante el miso tiempo del rodaje. Para ellos fue muy emocionante volver a ver la ciudad y a sus familias en muchos casos luego de ocho y diez años.

Pese al contexto optimista de la película ¿Piensa que el final de la historia es pesimista?

Yo dejo que cada persona lo interprete. Hay personas que me han dicho que la película les da esperanza, a otros que les afecta mucho. Yo pienso que cada uno tiene que ser responsable de lo que siente con la película. Para mi el final, con esa niña que va a la escuela es un final abierto. Pero yo sí tengo esperanzas, pese a las rupturas que vivió nuestra generación que además experimentó la crisis en medio de su paso a la vida adulta

El Período Especial fue traumático para todo el mundo y yo no lo viví. Cuando filmaba y les preguntaba por al antes ellos me hablaban de la crisis, no del tiempo anterior.

¿Cuál era el objetivo final de la película?


Recuperar el país de la infancia, en lugar de guardar en recuerdo en una cajita. A mi en Europa me pasaba todo el tiempo que la gente tenía una visión negativa de Cuba y a mi me causaba rabia porque yo venía de vivir en el paraíso. Y agota tener que explicarlo cientos de veces. Ahora me ahorro horas de explicaciones, mejor les muestro la película. Porque en Europa no sabían que en Cuba durante 20 o 30 años hubo un bienestar general.


Paulina Simon

miércoles, 9 de mayo de 2007

Entrevista a Yanara Guayasamín


Llegué a la casa de Yanara Guayasamín el viernes por la tarde. Era la última cobertura de la semana. Acababa de salir del estadio. Mientras seguía a los jugadores de la selección de Olimpiadas especiales y al técnico de la Tri y no paraba de llover. Con la ropa mojada, despeinada y el espíritu por los suelos, llegue a su casa en la floresta. El recibimiento de su hija Cassielle, empezó a cambiar el panorama, esta será una entrevista alegre -o al menos eso esperaba- salió Yanara con un aire tan familiar que me dio un aliento adicional para terminar la semana.
Empezamos a hablar. Yanara es una buena conversadora, ella dice que en su película se trata un poco de dejar de la lado las pasiones para analizar los temas de Cuba, sin embargo ella es pura pasión. El proyecto de vida, como ella lo llama, es una obra enorme que para mi gusto solo podría hacerla una persona de su generación. Tras más de una hora de conversación fluida presiento que me he puesto triste. No se trata de una entrevista corriente, ni de una película más. Se trata del fin de una era que yo no conocí. Por más que intento y busco en mi interior siento que soy hija de la apatía. No viví Cuba, ni la revolución, ni el espíritu, casi ni la anécdota y presiento que históricamente aquello que he vivido y lo que experimento a diario es un momento insignificante. Como decía mi profesor de apreciación del arte, el doctor Julio Pazos: “Ustedes son los hijos de los Corn Flakes, porque eso es lo que desayunan, ¿o no? ¿Acaso saben lo que es la machica?”y para colmo, cuando lo dijo, una alumna se desmayo, seguramente por su desayuno a base de cereal gringo.
Me disculpo por la hilación tan personal. Pero al menos quedan claras las impresiones fuertes y la llamada de atención, a manera de despertar que produjo en mi la entrevista con Yanara Guayasamín que copio a continuación.

P.

Cuba: menos política, más humana



Mañana empieza el festival de documentales EDOC y entre sus platos fuertes se anuncia la presentación especial de preestreno de la película de Yanara Guayasamín, Cuba, el valor de una utopía. La expectativa por este filme es grande ya que ha hecho un importante recorrido por festivales del mundo y la crítica ha estado ha su favor. De regreso tras una presentación de su anterior película De cuando la muerte nos visitó, en los EEUU y recuperándose de una gripe que la ha tenido en cama, Yanara habla sobre sus motivaciones para hacer esta película que será la primera parte de una trilogía y que más allá de ser eso, significa para ella un proyecto de vida.

¿Qué le movió a rodar Cuba, el valor de una utopía?

Lo que quería realmente era comprender que quedaba del sueño, entre lo que yo pensaba que era Cuba y el encuentro real. Y con el tiempo al empezar a trabajar, ir y volver, conocer y reconocer a la gente, y entender los procesos me preguntaba siempre, como una de las primeras ideas que aborda la película: quién es la gente que hizo la revolución, por qué la hizo, de dónde venían, de qué bases partían y qué ha quedado todo aquello y cómo la sienten hoy día.

¿De qué trata la primera película?

El tema de esta primera película es la visión desde adentro, de los que se quedaron, los que de alguna manera u otra pagaron el precio de lo que habían soñado.

¿Qué sucede en el resto de la trilogía?

La primera parte es eso, la historia de los que vivieron la revolución, la segunda parte será desde su triunfo hasta nuestro días y luego la tercera parte aspiro a que será una generación más tarde donde podremos ver a los niños que han crecido y en qué quedó la revolución después de Fidel y del paso de la generación que la hizo.

¿Como nació la idea?
Esta trilogía sucede en el tiempo. Más allá de la película para mi es un proyecto de vida que inició en la Universidad como una tesis, un laboratorio sobre lo que podía ser Cuba a través del tiempo. Se trata de comprender qué pasó, que deja de positivo y qué de complicado.

¿Qué le impacto al conocer Cuba?

Fui la primera vez a Cuba a principios de los noventa. Lo más fuerte era la comparación entre lo que uno soñaba que era Cuba, con todo lo que uno hubiera querido tener desde el punto de vista social y el momento de llegar a Cuba y enfrentar un país en período especial, que era lo que se vivía en los noventa. Yo nunca llegue a conocer el país del que hablan mis personajes, en el que mamá soviética les ayudaba económicamente. Yo llegué en la época en la que era muy difícil movilizarse, que había una fuerte crisis por la caída del bloque soviético. Sin embargo, encontré una gran solidaridad entre la gente. Era una realidad tremendamente desgarradora, eran las cosas más increíbles y más dura puestas en un solo saco y eso hacía mucho más difícil establecer un balance de que era lo que realmente estaba pasando en este país.


¿Cómo fue la experiencia de entrevistar a Fidel? (suspiro y silencio prolongado)

Tuve la oportunidad de estar tres veces con Fidel. El mayor tiempo fueron cuatro días, en 1995. En ese momento específico me enfrentaba a un hombre único, sobretodo por su inteligencia, luego por su capacidad como orador y aquello que decía. Lo que más me asombro fue su rapidez mental, pero también me llamo la atención su calidez humana, que parece increíble cuando te pones a medir todas las cosas que este hombre debe haber vivido. En esta película yo me posiciono desde un punto de vista mucho más juvenil, la película esta hecha desde el punto de vista del padre de mi padre. En realidad para mi padre (Oswaldo Guayasamín), Fidel era un ídolo, era como su padre.
No me gusta posicionarme ante la gente que filmo como emitiendo un juicio, sino más bien de la manera más humana posible y yo he puesto a Fidel casi en el mismo nivel que los otros y le he puesto desde su lado personal, no tanto desde la política y básicamente por creer que dentro de lo que he querido hacer hay principios muy firmes, sigue siendo un referente de alguien que dijo no al imperialismo. Es un personaje muy importante para América Latina y para mi seguro.


¿Cuánto tiempo te ha tomado este proyecto?

Mucho años, tengo mucho material. La filmación comienza en los noventa en 8 mm, he ido y venido de Cuba y cada vez llevo diferentes equipos y lo que tengo es una mezcla de formatos. La parte más grande fue hecha hace un año. Estuve dos meses específicamente de rodaje. En total tengo como 57 horas de material más otros 40 de archivo. Solo uno de los discursos de Fidel son ocho horas de material.


¿Emite en su película un juicio sobre Cuba?

Eso es algo que la gente quiere que yo haga en la película. Los del un lado y los del otro exigen que la película emita un mensaje Cuba sí o Cuba no. Hace poco recibí las críticas de un cineasta belga y el comenta la cineasta rechaza el caer en chantaje del sí o del no y yo creo que es justamente eso. Es más fácil apasionarse y decir sí, todo funcionó o por el contrario decir que no sirvió para nada, al menos en los dos casos tendría un grupo a favor. Pero en el caso de esta película lo que quería era provocar una discusión más profunda que ya no sea a través de las pasiones, sino que la gente pueda ver los bemoles, los otros matices que están más allá.

Esta película, contrariamente a lo que podría parecer, no está hecha para la gente que ama Cuba, más bien es todo lo contrario es una película que quisiera movilizar a aquellos que no están totalmente de acuerdo con lo que ha pasado en Cuba, no desde el punto de vista político específicamente, sino desde lo humano, porque la película habla de gente, son seres humanos que han vivido la guerra, pero que viven, que aman y que si se los ve como humanos más allá de la ideología se comprenden muchas más cosas.

Paulina Simon T.

Nota publicada en Diario Hoy (9 de mayo de 2007)

domingo, 6 de mayo de 2007

Entrevista a Xavier Muller


Esas no son penas lleva música melancólica con toque nacional


La música es una parte fundamental en una película. Muchas veces depende de la banda sonora que una persona recuerde ciertos diálogos o momentos que han sido resaltados por la intensidad musical. Xavier Muller es el compositor de la música de la nueva película ecuatoriana Esas no son penas y su experiencia componiendo los temas por escenas, adentrándose en la melancolía de la historia, en los silencios claves y la esencia de aquello que aparece como ecuatoriano le han dado una satisfacción enorme que ahora está plasmada en cada proyección de la película. Muller a sus 27 años lleva una interesante trayectoria dedicada a la música y al sonido. Esas no son penas es el primer largometraje para el que compone la banda sonora y él espera que sea el principio de una carrera musical y cinéfila. Aquí habla sobre su experiencia preparando la música.


¿Qué experiencia previa tienes en cine?

Hice música para Emilia, un corto de Carla Valencia, una parte de la música de Ecuador vs el resto del mundo y ya había trabajado antes con Daniel Andrade (director de Esas no son penas) en algunos cortos, pero esta es la primera vez que compongo para un largometraje.

¿Cómo fue trabajar con los directores?

A Daniel y Anahí los conozco hace muchos años, son como familia tenemos bastante en común y eso facilita el trabajo. Daniel tiene ideas muy claras de todo y sabe mucho de técnica. Pero de música no sabe tanto y confió en mi en ese aspecto por que tenemos gustos musicales muy parecidos y sabía que yo iba a componer algo que le iba a gustar. Lo mejor de trabajar con Daniel es que te pide que hagas las cosas como tu las sabes hacer sin imponer presión en nadie. Y así, con la música de Esas no son penas yo hice todo lo que yo quería hacer: elegí los instrumentos, la tonalidad emocional, todo... y a los directores les gustó.

¿Cuándo te sumaste al proyecto?

Desde el principio. Apenas Anahí terminó el guión me lo dio para leerlo y me pidieron que componga la música y yo estaba encantado porqué me gustó mucho la historia.


¿Tras leer el guión, que música se te ocurría que podías usar?

Leí el guión y todo era un tono triste, gris entonces desde el principio fue esa mi intención, hacer algo que vaya con la melancolía de la películas y además añadir un poco de líneas ecuatorianas: pasillos, sanjuanes, para darle un tono nacional porque la película lo amerita. Es muy ecuatoriana y tiene muchas cosas quiteñas, aunque tampoco quería que sea solo un pasillo, tenía que ser algo universal por lo que escogí instrumentos distintos como la melódica, que le da un toque especial, internacional. Incluso me han dicho que suena a música francesa o argentina.

¿Cómo es el proceso de componer?

Daniel (director) me sugirió que piense en una emoción, en un tono. Luego me propuso hacer una melodía para cada personaje, pero no funcionó. Queríamos que cada personaje se identifique con un instrumento, pero se volvió confuso. Entonces decidimos hacer música en general de toda la película y empezamos con cuatro escenas, para las que yo preparé maquetas, que son grabaciones como borrador, porque yo no escribo en papel. Veo las imágenes, lo primero que hago es ver el ritmo de la escena, de los cortes y en base a eso hago el tempo de la canción. Sobre eso hago una base y voy aumentando los instrumentos y las melodías de acuerdo a las acciones. El tempo hago con los cortes y la melodía con las acciones.

¿Cuál es el resultado?

La música definitiva la grabamos en un día en la Casa de la Música. Yo tocaba todos los instrumentos. Grabamos con el teatro vacío y eso le da un efecto especial. Daniel quería que la música sea experimental, cruda, muy ambiental. Normalmente se usan efectos ciertos efectos cuando se graba, pero no los usamos, grabamos todo al natural y eso funciona muy bien se oye como un cuarto enorme. Y aunque no me di cuenta en ese momento, pero sí después: esa grabación montada en la película y el hecho de que la hayamos grabado en un teatro vacío, le da un toque adicional de soledad al filme, mucho más intenso de lo que yo me había imaginado. La música en la película te hace sentir como si estuvieras solo en un teatro vacío. Ya en estudio todo sonaba épico no hacía falta aumentar nada.



P.

miércoles, 28 de marzo de 2007

‘Me reconcilié con la actuación’

Amaia Merino
Protagonista del filme ecuatoriano Esas no son penas (que se estrena el 13 de abril)

¿Quién es? Nació en España, se crió en Pamplona donde actuó desde niña en papeles pequeños. A los 19 años protagonizó la serie Nazca y luego vino a vivir al Ecuador. Aquí trabaja en varios oficios del cine desde hace 13 años.


Delgada, sonriente, con un acento español que se disimula a ratos con los dichos quiteños, Amaia Merino, protagonista de la película ecuatoriana Esas no son penas asegura que le emociona mucho su viaje a Guadalajara pero que teme hablar en público.
La actriz quien vive en el Ecuador desde hace 13 años tiene uno de los papeles centrales en el filme que se estrena el próximo 13 de abril y que viaja este domingo al Festival de Guadalajara, el más grande de América latina. Esas no son penas se exhibirá en competencia y Amaia, junto a la directora Anahí Hoenesein y Cecilia Vallejo, junto a Tania Hermida, actriz y realizadora del filme Qué tan lejos se presentarán en un foro sobre el cine ecuatoriano.


Ser actor es muy difícil. Tienes que poner mucho de tu parte más íntima y yo llevaba un buen tiempo peleada con esa profesión. Pero este proyecto me hizo sentirme bien por su manera de plantear la producción. Lo más importante no era el resultado, sino hacer la película y eso fue lo que me animó a actuar.



¿Cuáles son tus orígenes en la actuación?

Desde muy pequeña y por casualidad. Mi padre tenía un bar en Pamplona y alguna vez pasaron unos productores que iban a hacer una película y mi padre nos introdujo en papeles de extra. Con mi hermano hicimos algunas películas en el país Vasco hasta que el asunto se fue volviendo más importante y cuando tuve que decidir que iba a hacer en la vida elegí la actuación.

¿Qué experiencia has tenido?

A los 17 años me fui a estudiar a Madrid y al poco tiempo me ofrecieron protagonizar Nazca, una serie de televisión que se filmó en México, en Cuba, en el Ecuador. Aquí rodamos durante 11 meses. Regresé a Madrid, terminé de estudiar y volví al Ecuador para vivir. Llegué porque me había encantado y me quede porque me hace feliz vivir en este país.

¿A qué te has dedicado en estos años?

Aquí no me inserté mucho en el mundo de la actuación. Hice una serie para televisión, El Chulla Romero y Flores, pero no me hallaba y decidí no actuar porque me parecía tan bonita mi profesión que no me hacía gracia sentirme mal en mi trabajo. Empecé a dedicarme a la producción y más tarde me dediqué seriamente a la edición. He editado películas, documentales, de todo. La edición ha sido en los últimos siete años mi profesión, más que la actuación.

¿Cómo fue tu regreso a la actuación?


Un día Anahí me llamó me contó del proyecto, me hizo leer el guión y me gustó mucho desde el principio porque me daba la sensación de que iba a ser un trabajo muy agradable que hacía énfasis en la dramaturgia. Y el proyecto en general, me daba una sensación de tranquilidad porque el objetivo de la película era hacer el trabajo y no el resultado. Esa forma de hacerlo da una gran apertura para actuar, para investigar, para concentrarse. Y me animé a hacerlo.

¿Al comienzo estabas reacia?

Ser actor es muy difícil. Tienes que poner tanto de tu parte más íntima. Y yo llevaba un buen tiempo peleada con esa profesión. Pero este proyecto me hizo sentirme bien con esa parte íntima del trabajo de actuación. Además es una nueva manera de plantear la producción de un largometraje, de una forma muy familiar y cuya prioridad era hacerla. Y eso me animó enseguida me di cuenta que el guión era interesante que tenía un personaje que se podía trabajar.

¿Cómo fue el trabajo?

Marina, mi personaje es muy quiteño. Más allá del acento mismo lo que me resultó más interesante y complejo es que este trabajo se requería un tipo de actuación muy naturalista, en el que tenías que aportar mucho de tu manera de ser. No era un personaje ajeno a ninguna de las protagonistas sino más bien muy cercano. Entonces mi dilema era, como saco de mi cosas espontáneas y auténticas sin mi acento. Como puedo pretender ser auténtica si me estoy haciendo la quiteña y no soy. Eso me resultó muy complicado.

¿Y cómo lo superaste?

No te podría decir que lo superé, sino que lo intenté. Muchas personas opinan que no lo superé que se nota un poco forzado. Pero me ayudó la pista que me dieron Anahí y Daniel, que era que Marina, mi personaje era una mujer muy pausada. Lo contrario a mi y eso me ayudó mucho.

¿Cómo fue el trabajo en conjunto?

Muy bueno, con dos actrices éramos amigas. Con las otras dos no, pero nos hicimos muy buenas amigas enseguida. El ambiente del rodaje era muy pausado, distinto de lo que suele ser en la mayoría de películas. Y ese ambiente nos permitía estar en contacto, nos estábamos viendo, sintiendo. El entorno íntimo fue algo que se dio muy naturalmente.

¿Qué fue lo que más les costó como actrices?

La escena final de la reunión de las amigas. Si bien el rodaje no era tenso, ni trabajamos muchas horas.
Esta fue muy exigente por el grado de dificultad. Como actrices debíamos transitar de una cosa a la otra, de un estado de ánimo al otro. Lo más difícil no es decir el parlamento sino la transición. Había muchos momentos muy íntimos.

¿Qué opinas del resultado?

Lo importante fue que este papel me devolvió la confianza en la actuación porque me sentí cómoda en el trabajo, sentí que lo puedo hacer. Y eso es importantísimo para un actor, dejar de juzgarse y sentir que lo podía hacer. Mientras veía la película me sentí tranquila, la disfruté sin sentir angustia, hasta casi olvidando que yo estaba ahí. Con la película me reconcilié con la oportunidad de seguir actuando.

jueves, 8 de marzo de 2007

Entrevista al día

Eliseo Subiela
‘El cine es uno de los negocios más crueles ’
¿Quién es? Subiela nació en Buenos Aires, Argentina en 1944. Su primer guión lo escribió para teatro, pero a continuación se dedicó solo al cine. Entre sus películas se cuentan El lado oscuro del corazón, Hombre mirando al sudeste y Despabílate amor


"Es un negocio muy cruel el del cine. Pasas dos años trabajando, poniendo todo, tu casa, tus bienes y en una semana, ¡fuiste! Es un negocio de una crueldad como los hay pocos. Es todo o nada. Pero para ser un director de mi riesgo y que no ha hecho concesiones, no me puedo quejar, me ha ido bastante bien"


Es su primera visita al Ecuador y en una jornada apretada visitó la Mitad del Mundo y tuvo tiempo de enamorarse de la Iglesia de La Compañía, en los lapsos que le dejó el curso de guión que dictó esta semana en la Fundación Octaedro. A sus 62 años Eliseo Subiela, el padre de El lado oscuro del corazón, película de culto por la que será recordado siempre, está listo para darle un descanso al cine y dedicarse a diversificar su creatividad, tras un año de intensas labores rodando dos películas que se estrena a fin de año.

¿A qué se ha dedicado en los últimos años?

El año pasado hice dos películas No mires para abajo y El resultado de amor que se están terminando, están en postproducción. Las dos son de amor, la una es una historia de dos jóvenes que intentan acercarse a Dios mediante el sexo e incluye una especie de didáctico sobre Sexo tántrico, la otra es un melodrama sobre una chica que trabaja de día como payasa en fiestas infantiles y en las noches como prostituta.

¿Con qué películas te has encariñado más?

Con todas, son como hijos las quiero a todas por igual. Son todas muy honestas, son las películas que quise hacer en su momento. Pero igual hay algunas que han sido más importantes en mi carrera, Hombre mirando al sudeste por ejemplo o El lado oscuro del corazón oscuro que fue un suceso en toda América latina. En Barcelona estuvo ocho años en cartelera en los cines verdi en las funciones a la 01:00 los sábados. Cuando hicimos El lado oscuro 2 con Darío Grandinetti (el protagonista) él me propuso ir a la función y yo no quería ir pensé que no iba a haber nadie, que nos íbamos a entristecer y fuimos y la sala estaba repleta y comprobamos que los asistentes tenían 20, 22 años. Es decir cuando se estrenó la película eran niños.

¿Te imaginaste que iba a ser lo que fue la película?

No, es un delirio. Si ahora leo el guión y me parece casi infilmable. Un guión donde los actores recitan poesía. Era difícil en su momento pensar la película, mucho más que iba a ser un éxito. Y lo fue de una manera de la que yo me sentiré siempre orgulloso. Se agotaron ediciones de libros de Benedetti, toda una generación reconoció a Girondo. Yo he hablado con libreros que contaban que la gente salía del cine a comprar libros de estos poetas. Esta es una Argentina que ya no existe, el deterioro cultural ha sido tanto, ha habido una devaluación cultural tan grande que yo no sé si ahora una película así sería un éxito.

¿Por qué El lado oscuro del corazón 2?

(suspira) Yo había tenido ganas de continuar la historia con un Oliverio maduro y había escrito alguna cosa, pero el hecho decisivo fue que apareció un productor y me dijo te gustaría hacer la segunda parte y yo dije sí. A la distancia, no me arrepiento de haberla hecho, creo que el error que cometí fue ponerle El lado oscuro del corazón 2, eso perjudicó mucho la película. La acogida del público fue tibia.


¿Es verdad que hubo un problema legal con Universa porque plagiaron Hombre mirando al sudeste?

Rodaron K-Pax que era un remake de Hombre mirando al sudeste y nunca dijeron nada, ni pidieron derechos ni nada. Hasta aquí no ha avanzado en nada el asunto. Hicimos el reclamo y no contestaron. Fue un robo y el trámite legal es como David contra Golliath.


¿La gente creía más en el amor antes?

No, la gente era más culta, estaba más informada. En los tiempos del estreno de El lado oscuro del corazón había filas de gente para ver la película y el promedio de edad eran 20 años. Ahora, en mi escuela yo me agarro la cabeza cuando oigo que hay estudiantes que están a puntos de graduarse y les hablas de ciertos autores y no tienen ni idea, porque no han visto nada de cine. Ha habido una especie de reivindicación o exaltación de la incultura, y desprestigio a los sentimientos. Hay líderes de televisión en la Argentina que son casi perversos que dicen ‘mira que vivo soy, soy bruto no leo’ el tonto es el que estudia, el que lee. El público que va al cine son mayoritariamente ‘comedores de popcorn’ y van a ver explosiones y efectos especiales.

¿Cómo están las condiciones para hacer cine en la Argentina?

Están mejor a nivel de producción se está filmando mucho, el problema sigue siendo el tema de la distribución y exhibición se estrenan demasiadas películas, están muy poco tiempo en cartel. Se están produciendo demasiadas porque no llegan a estrenarse. Es un fenómeno complejo que tiene que ver con la proliferación de escuelas de cine que están formando directores a granel.


¿Qué planes tiene luego de tus dos películas?

La idea es parar un poco y tomarme este año. He hecho dos películas y fue mucho, se dio sencillamente aparecieron los dos productores juntos, pero es muy intenso hacer dos películas en un año. Quiero hacer algo distinto ahora, quiero hacer teatro. Yo antes de escribir para cine escribí para teatro y ahora tengo ganas de diversificar un poco la creatividad.

¿Literatura también?

No, no me arriesgo a tanto pero quiero escribir un libro del cuál tengo un título que es Todo gracias al cine, y que quiero que más que mis memorias sea un testimonio de agradecimiento al cine por todo lo que me ha dado.


¿Entre tus autores favoritos?

Un señor que a veces me enoja mucho, pero que sigo amando que es Jean Luc Godard. Es insoportable, pero lo amo. Le preguntó ‘por qué me aburrís tanto’. Tiene a un personaje sentado leyendo diez páginas de un libro. Pero tiene escenas de una belleza que no son habituales en el cine. Ese es una de los principales responsables de que yo haga cine. Están también Tarkowsly, Fellini.

¿Entre tus colegas a quien admiras?

A Leonardo Favio de quien fui ayudante en su primera película, es el que más me gusta. Después hay cosas muy interesantes como las que hace Lucrecia Martel. Me encanta la actuación de Julio Chávez creo que es el mejor actor que tiene la Argentina, El custodio es un peliculón. Me gustó muchísimo y el trabajo de Julio es descomunal.


¿Trabajas siempre con la misma gente?

No, algunas veces repetí pero últimamente estoy haciendo pruebas cada vez trabajo con gente más joven. Y estoy incorporando de manera voluntaria e inevitable cada vez más mujeres en los equipos. La última película que hice, desde la directora de fotografía todo el equipo de cámara eran mujeres que era un rubro que antes no había. Las mujeres están copando todos los espacios, son más maduras y nos llevan mucha ventaja.


¿Cómo te ha tratado el cine?

Es un negocio muy cruel el del cine pasas dos años trabajando poniendo todo, incluso tu casa, tus bienes y en una semana fuiste. Es un negocio de una crueldad como los hay pocos. Es todo o nada. Pero para ser un director de mi riesgo, de mi estilo que es muy personal y que no ha hecho concesiones, no me puedo quejar me ha ido bastante bien. He hecho 12 o 14 películas y me ido muy bien comercialmente en la mitad. Pero igual hace tiempo que tengo claro que el éxito es hacer la película que uno quiere hacer. Me aterra que pueda terminar una película y que no me guste.

¿Hasta donde te han llevado tus películas?

Geográficamente tan lejos como Calcuta, pero en experiencia vital a estar toda una noche en una ‘villa miseria’, a tomar el té y hablar sobre la muerte con un Primer Ministro de la India, que apuntaba a una de mis películas y me preguntaba por cada escena o a que García Márquez me ofrezca uñas de cangrejo en un platito en La Habana, si no hubiera sido por el cine nunca hubiera estado ahí. El cine es como una alfombra mágica tanto para el espectador como para el cineasta.


Foto y texto: Paulina Simon T.

martes, 6 de marzo de 2007

Entrevista al día

Esas no son penas: ‘El cine en el que todo hierve y nada explota’
Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade directores de Esas no son penas


¿Quiénes son? Anahí produjo y distribuyó Fuera de juego. Daniel ha dirigido la fotografía de Cuando me toque a mí, 1801-1810 Mientras llega el día, etc. Han trabajado en cortos, es el primer largometraje de ambos como directores


La película ecuatoriana estará este mes en el festival de Miami, Mar del Plata, Toulouse y Guadalajara. En el Ecuador se estrena el 13 de abril

* ENTREVISTA

En un ambiente familiar y conocido - ya que la sala de su casa era una de las locaciones de la película- los cineastas Anahí Hoenesein y Daniel Andrade cuentan como ha sido su experiencia en la creación de Esas no son penas, la primera cinta ecuatoriana que se estrenará en el país el 13 de abril.
Esas no son penas es la historia de cuatro amigas que no se han visto desde hace 13 años y que se reúnen debido a la enfermedad de una de ellas. La cinta tuvo éxito en varias funciones de preestreno y ha sido muy bien recibida en festivales internacionales.
Daniel y Anahí compartieron la dirección de la película. Ella escribió el guión y cumplió la ilusión que tenía de actuar, mientras él, la suya de editar. Finalmente el resultado es una película que representa el tipo de cine que ambos quieren hacer.

¿Cómo nació la idea de Esas no son penas?

AH: Nació como una necesidad de encontrar respuestas, de hacerse preguntas. En un inició no tenía forma de película, empecé a escribir anécdotas como escenas, primero fue un personaje, luego fueron aumentando las mujeres, nació después la idea de que eran amigas y ahí empezó a crecer la historia. El segundo borrador se lo mostré a Daniel y junto íbamos discutiendo y decidimos que podía convertirse en una película. La idea fue a larga que la película esté en ese tiempo en el que todo hierve pero nada explota. Quisimos retratar el momento antes de que el esposo descubra que su mujer está con otro, de que la madre sepa que la hija es bulímica y el resultado es una película que a mí me gusta ver.


¿Cómo se eligió al equipo y las actrices?
´
DA: Tanto en el casting como para el equipo técnico tomamos en cuenta que se trate gente cercana. Formamos un grupo pequeño para estar en confianza y locaciones familiares para que las actrices se sientan cómodas lo cual es el centro de la película. En las actrices buscábamos que tengan una cierta energía, pequeños detalles. No queríamos que hagan cosas que no tengan que ver con ellas. No todas tenían experiencia en actuación y queríamos que fluyan naturalmente. La experiencia más importante en el rodaje era lograr todos como equipo ayudar a las actrices en su trabajo, lograr que ningún aspecto técnico sea una prioridad sobre la actuación. Teníamos que hacer todos juntos el trabajo de ayudarles a meterse dentro del personaje y luego que también puedan salir de él.

¿Qué procesos vivió la película?

DA: Luego del rodaje que duró 22 días, más cuatro días que se filmaron un par de meses después de que Anahí dio a luz, empecé a editar. Hice dos cortes que me gustaban mucho y fuimos invitados a la sección de Cine en construcción de San Sebastián donde nos dijeron que la película tenía un gran potencial. Así hicimos muchos cambios y presentamos otra versión en Toulouse hace un año y al volver conseguimos alguien que no esté tan involucrado con la historia para que pueda editarla otra vez. Participamos en el festival Cero Latitud y recibimos una mención especial del jurado. Nos costaba mucho asimilar los cambios que tenía que enfrentar la película, pero finalmente aunque la idea del guión fue cambiando de acuerdo a lo que había sucedido con cada actriz, la historia se convirtió en lo que esperábamos.


¿Cómo fue la experiencia de actuar en tu película?

AH: He actuado en cortos, en talleres de actuación, pero no he actuado mucho y quería ser una de las cinco protagonistas, hasta que me quedé embarazada, pensé no hacerlo, pero si esperaba iban a pasar unos dos años más así que preferimos cambiar al personaje en el guión y así actúo en el papel de Elena.


¿La película resultó ser lo que ustedes querían?

DA: Lo que queríamos era crear un ambiente entre las actrices y con el público y que a través de ese ambiente se digan muchas cosas sin que haga falta decirlas en realidad. Yo veo que hay dos tipos de cine, el que te lleva de la mano y que te hace sentir lo que debes sentir y otro que es el que a nosotros más nos interesa y el que queríamos hacer, que es un cine donde hay silencios, que hace pausas, que le da tiempo al espectador de preguntarse cosas y que exige una atención especial de quienes ven la película.


¿Qué le espera a la película ahora?

DA: Quisimos hacer una película que se mantengan independiente. Ahora que es la película que quisimos hacer u que está terminada se puede vender como un producto, pero lo importante es que no sea haya convertido en un producto antes de estar terminada. Ahora tenemos que buscar a aquellas personas a las que les pueda gustar y los festivales ayudan mucho con eso.
Por otro lado, estamos buscando una manera de hacer películas en el Ecuador que sea sustentable. Estamos tratando de inventar un sistema que nos asegure que cuando terminemos esta película podamos hacer otra y no quedarnos endeudados con la primera y tener que trabajar en otras cosas para poder pagarla. (PST)

* ENTREVISTA: Primicia del blog, sale publicada en Diario Hoy mañana (miércoles 7 de marzo). Esta es la versión más completa
Foto: Paulina Simon